Posteado por: Tatán | julio 14, 2008

Pacos Versus Prensa.

Quienes recordamos haber visto las noticias en televisión o haber leído los diarios durante las décadas de los setenta y ochenta, tenemos conciencia que al país se le mantuvo siempre engañado -incluso cuando se nos anunció la venida del cometa Halley, según el ex ministro de la dictadura Francisco Javier Cuadra-.

La prensa, en general, practicaba escandalosas felaciones a la dictadura, por lo que las posibilidades de mostrar la monstruosa realidad que se escondía tras ese gobierno de facto era una tarea sólo para valientes.

Si bien hubo revistas que intentaron ser la voz de la oposición a la dictadura militar, fueron perseguidas con brutalidad. Al volver la democracia la represión policial ha bajado su intensidad, aunque hemos conocido una enorme cifra de excesos policiales.

El artículo que presento a continuación relata de primera fuente los días de represión que vivieron periodistas y fotógrafos, cuando el precio de una noticia era la vida. Y cómo conviven hoy con policías enajenados.

[Nota: Este artículo fue publicado en The Clinic, el sábado 12 de julio de 2008. Los autores aparecen mencionados a lo largo del texto.]

Patadas, Lumazos, Escudazos… Los Más Duros Golpes de Carabineros Y Las Imágenes Que Mejor Los Registraron En Dictadura Y Democracia.

Un traje de esos que usan los Fuerzas Especiales, el grupo de carabineros que sale a reprimir las protestas, pesa alrededor de 14 kilos. Y los escudos, otros tantos kilos más. Con uno de esos, un policía golpeó en plena cara al entonces fotógrafo de El Mercurio Raúl Bravo, quien aparece en la foto de abajo. ¿Diagnóstico? Tec cerrado, fractura nasal y pérdida de conciencia. Pero el hecho más grave de los últimos años ocurrió el pasado 21 de mayo, en Valparaíso, en las afueras del Congreso Nacional. Allí, Víctor Salas, reportero gráfico de EFE, recibió un lumazo en su ojo derecho. Tras dos operaciones, su condición es delicada. No ve y no sabe si podrá volver a trabajar en lo suyo. Carabineros y reporteros se encuentran en todas: partidos de fútbol, protestas, conciertos, marchas pingüinas. Los primeros pegan, pero los gráficos guardan. Y eso es lo que más embronca a los policías.

EN LA CARA

La imagen es del 29 de diciembre de 2000. Raúl Bravo, reportero gráfico de El Mercurio, cubre la manifestación de un grupo de “seropositivos” (portadores de VIH) que protestan en las afueras del Palacio de Tribunales. Acaban de perder un recurso judicial con el que pretendían recuperar un “plan de ayuda” que existía en el Ministerio de Salud para ellos. Los ánimos están caldeados. Es mediodía, hace calor y algunos Fuerzas Especiales llevan guantes quirúrgicos para evitar cualquier contacto con los manifestantes. Entre ellos hay ciegos, a quienes los carabineros suben a la micro con inusitada fuerza. Eso es lo que intenta retratar Bravo. Pero los policías se protegen, golpean las cámaras con sus escudos, evitan la foto. En eso, Bravo se enfrenta a uno de ellos, pone su mano en un escudo, y no alcanza a percatarse que por el lado derecho viene un policía con dos escudos, uno de los cuales lo golpeó directo en la cara ¿Resultado? Fractura nasal, tec cerrado y pérdida de conciencia. Tras una carta de reclamo de El Mercurio, “el zurdo” de Carabineros fue dado de baja.

EN LA NARIZ

Alameda, plena fiebre pingüina, mediados de 2006. Fernando Fiedler, reportero gráfico del Diario Financiero, está en la Biblioteca Nacional, a la espera de que termine una eterna reunión entre los dirigentes secundarios y el entonces Ministro de Educación, Martín Zilic. De pronto, entra una bomba lacrimógena al edificio .“¿Quizás qué estará pasando afuera?”, piensa Fiedler y sale. Se encuentra con los amigos de Fuerzas Especiales, que están dándoles con todo a los estudiantes (de hecho, el balance de la jornada terminará con dos oficiales dados de baja: el prefecto y el subprefecto de Fuerzas Especiales). Corre, arranca, toma fotos. Tiene al frente suyo un cuadro especialmente violento. Hasta que siente un golpe certero. Un policía le pega con su escudo a la cámara y ésta le hace un corte en la cara y le triza el tabique nasal. Fiedler pide explicaciones. Más tarde, otro camarógrafo es brutalmente golpeado. Tras la jornada, ambos profesionales interponen una denuncia por violencia innecesaria con resultado de lesiones en la Fiscalía Militar. Hoy, los responsables están identificados. Pero no existe aún una resolución del caso.


EN EL OJO

“No veo nada. O sea, veo como detrás de un vidrio empañado, veo manchas”, resume Víctor Salas, reportero de la Agencia EFE.
El pasado 21 de mayo, un bastón policial le hundió el ojo derecho en medio de una protesta en Valparaíso, mientras la Presidenta Bachelet pronunciaba su discurso anual en el Congreso. Entonces, el general Bernales se comprometió a realizar un sumario interno “ágil y exhaustivo” para esclarecer el hecho. Tras su muerte, un compungido Gordon volvió a asegurarles a la directiva de la Unión de Reporteros Gráficos que no se habían olvidado del tema.
Pero se van a cumplir ya dos meses de la agresión. A Víctor lo han operado en dos oportunidades (perdió el cristalino, tuvo una rotura de iris y un daño en la retina) y aún no se sabe quién lo golpeó.
“Yo quiero recuperar la vista, pero los milagros son milagros y los doctores me dicen que el tiempo dirá… En un momento no había casi ninguna posibilidad de salvar el globo ocular y se salvó. Ahora estoy ciego, pero al menos tengo el ojo. Eso es súper importante para mi esposa y mi hija, verme como una persona normal”, dice.

HACE TRES SEMANAS, CERCANOS A VÍCTOR SALAS VOLVIERON A REUNIRSE CON EL GENERAL GORDON PARA PREGUNTARLE POR LOS AVANCES DE LA INVESTIGACIÓN. ESTABAN LOS REPRESENTANTES DE LA UNIÓN DE REPORTEROS GRÁFICOS, DEL COLEGIO DE PERIODISTAS Y EL DIRECTOR DE LA AGENCIA EFE, EL ESPAÑOL MANUEL FUENTES. AL TÉRMINO DEL ENCUENTRO, UN EMOTIVO GENERAL DIRECTOR SE ACERCÓ AL GRUPO. LES TENÍA UN REGALO ESPECIAL. UNA CAJA DE 25 CM QUE NADIE ABRIÓ HASTA QUE ESTABAN EN LA CALLE. “PUES, HOMBRE, ESTO ES HUMOR NEGRO”, COMENTÓ FUENTES CUANDO VIO EL PRESENTE: UNA LUMA DE BRONCE, IGUALITA A LA QUE LE PEGÓ A SALAS.


ÓSCAR NAVARRO, UNO DE LOS PROTAGONISTAS DEL DOCUMENTAL “LA CIUDAD DE LOS FOTÓGRAFOS” DE SEBASTIÁN MORENO: “PARA LOS PACOS DE LOS ‘80, ÉRAMOS PEORES QUE LOS TERRORISTAS”

Todavía siente paranoia cuando pasa al lado de un paco: piensa que lo pueden arrestar. Fue miembro de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI) y sus imágenes de la barbarie represiva de los 80 aparecieron publicadas en todas las revistas opositoras. Una que lo marcó fue la foto que le tomó a un adolescente al que un policía le enterró su bastón en el ojo. Óscar todavía recuerda el hueco que le quedó en la cara y dice que lo registró para mostrar la podredumbre que se vivía en aquellos años, pero también para que salieran “los buenos olores”. Su cámara se transaformó en un arma para combatir. Sobre todo cuando descubrió que ningun carabinero quería que su familia supiera de los horrores de su trabajo. “Ahí me di cuenta que la foto era una forma de detener la brutalías”, dice.

Por Verónica Torres Salazar

El paco de los 80 ¿era poderoso?
-Mucho, podían hacer lo que quisieran contigo. Si te subían a un bus, olvídate, no sabías si te pasaban por el callejón oscuro y salías hecho mierda. Por eso, cuando me di cuenta que mi cámara era un arma, fue impresionante. Estaba en Ahumada con Moneda y había una manifestación. Los pacos empiezan a darle como caja a un tipo arriba de un bus mientras abajo estaba su señora con su guagua en brazos, alegando para que lo soltaran. ¿Qué hicieron? La subieron en vilo y le empezaron a pegar también. El griterío era espantoso. La guagua y la señora lloraban. Yo quería sacarles la chucha a los pacos, quería hacer que pararan y empecé a disparar el flash de mi cámara por la ventana y la cosa paró: ahí me di cuenta que la foto era una forma de detener la brutalidad. Porque si un paco se veía fotografiado iba a tener problemas. Para los pacos, los fotógrafos éramos peores que los terroristas. Así nos decían cuando nos metían presos: “a estos hueones hay que cagarlos porque si tu mujer te ve apaleando a otra mujer te va a crear problemas en tu familia…”.

-¿No te daba miedo andar metido en esos trotes?
-Muchas veces, pero sentía una adrenalina tan fuerte que lo superaba. Piensa que yo salía a registrar en el tiempo en que los pacos andaban con perros, pastores alemanes y doberman, y de repente nos tiraban a esos bichos y era como estar dentro de una película nazi. Porque si viene un paco persiguiéndote, le podís hacer collera, pero si te lanzan un perro embravecido por las lacrimógenas y la violencia… olvídate. Después, eso sí, se empezó a formar una extraña relación con los pacos. Porque en la calle siempre éramos los mismos pacos y fotógrafos y el ser humano se comunica, aunque esté en bandos diferentes. No sé si has visto los monos animados del pastor que marca tarjeta con el coyote y después empiezan a trabajar. Esto era más o menos así. Porque el coyote salía a cazar las ovejas del pastor y nosotros salíamos a fotografiar y los pacos a balearnos, pero cuando terminaba el día todos nos íbamos cansados y nos decíamos “chao”. Era como el teatro del absurdo.

-¿Se echaban tallas también?
-Hueviábamos a los pacos. Una vez estábamos en el bandejón central y se supone que había una convocatoria para una protesta y éramos unos 20 fotógrafos. Como no pasaba nada, dijimos “hueviemos a estos huevones”, “ya po’” y partimos todos corriendo, nos metimos por Tenderini hacia Moneda y nos sentamos en la escalera de la Biblioteca Nacional, hasta que aparecieron los pacos, aceleradísimos, buscando dónde estaba la cagada. Nosotros estábamos cagados de la risa y ahí ellos también se reían.

-En la “Ciudad de los Fotógrafos” describías esos años de registros y protestas como un juego peligroso…
-Sí po’. Cuando yo salí de la cana en el ‘85, después de haber estado preso con Claudio Pérez, fui a una manifestación y de repente veo a un paco tomándome fotos. Era el mismo paco que me había arrestado y desde la micro me decía “viste, yo también tengo cámara, ¿te gustó la experiencia en la cárcel?” y yo le respondí que “sí”. ¿Me cachai? Era ese tipo de diálogos, con el mismo paco que te llevó preso, que te apaleó, que hizo desaparecer tus credenciales, tus cámaras, ese mismo paco ahora te agarraba para el leseo.

-¿Le preguntaste a uno de ellos por qué era paco?
-No, yo simplemente no entendía cómo estos desgraciados hijos de puta que son del pueblo masacraban a su propio pueblo. Muchos de ellos tenían contradicciones y otros, simplemente, eran felices. Yo conocí a un paco que se hacía las lumas en el sur porque en el centro de Santiago se rompían muy luego, ¿te fijai? Salían a romper cabezas y eran felices haciéndolo. Ahora, también hay que ver el factor sociológico de toda esta historia. El paco siempre fue despreciado dentro de la Fuerzas Armadas, eran los “paquitos”, entonces, cuando se vieron con un poco más de poder yo creo que liberaron todo ese odio que tenían y fueron sintiéndose poderosos.

PACO HIJO DE PACO

-En “La Ciudad…” mencionas una foto que te marcó: la de un niño al que le habían sacado el ojo…
-Yo había visto apaleos, perros, ensañamientos de los pacos, pero esto fue brutal. No sé si fueron 10 pacos los que le sacaron la chucha, pero yo vi cuando un paco se dio vuelta, tomó el palo y se lo enterró en el ojo. Fue el tiro de gracia, porque llegar a ese nivel de barbarie sin fundamentos… ¡Si el cabro ya estaba apaleado, qué sentido tenía darle ese último golpe! Era de una inmoralidad, un descriterio, una falta de humanidad que me marcó… Cuando tomé la foto, me fui para atrás: no sabía con qué me iba a encontrar, tenía la cara tapada y de repente me encuentro con su ojo vacío… Por eso la foto está movida, pero la tomé porque creía, sinceramente, que haciendo un registro de la podredumbre… puta… vienen los buenos olores. Porque el ser humano es bastante extraño y necesita ver para creer.

-¿Te costó sacarte la violencia de encima?
-Yo nunca he sido violento, no es mi esencia. Lo que pasa es que te ves envuelto en esta historia y como comunicador esa era la contradicción. No es que uno sea amante de la sangre. Al contrario, nunca dejé de llegar angustiado y de llorar. Recuerdo que lloré dos veces trabajando. Una fue el día que le pegaron el balazo a la fotógrafa María Olga Álvarez. Estaba el Papa, y fue algo muy loco porque la gente andaba con los pañuelitos blancos gritando “¡el PAPA, el PAPA!” y al lado los pacos reprimiendo, rompiendo cabezas… Vino el baleo a la Maria Olga y después llegó el guanaco. Tratamos de cubrirla con una camilla, pero estaba desmayada. Ahí pensé “está muerta”, porque el balazo le llegó por el pecho y le salió por el brazo. Tuvimos que amenazar a los gallos de la ambulancia para que se la llevaran a la posta y después cuando nos íbamos con todos los periodistas mojados, embarrados, vimos a todos los pacos en fila que nos gritaban “¡¡¡¡VENDE PATRIAS!!!” porque nosotros éramos traidores.

-¿Qué les gritaban ustedes?
-Me acuerdo de un grito que salió en una protesta del Pedagógico, donde un compadre tenía a los pacos empapelados a chuchás: “¡paco concha tu madre!”, “¡paco hijo de puta!” Era tanta la rabia de este compadre que no hallaba qué más decirles, hasta que empezó “¡¡¡PACO, PACO…PACO HIJO DE PACO!!”

-Ja, ja… La máxima ofensa…
-Claro, y cuando lo dijo fue la cagá, porque hasta los pacos se rieron. Es que le salió de adentro.

-A Rodrigo Rojas De Negri le prendieron fuego el año ’86. Es la víctima de los fotógrafos movilizados.
-Creo que fui el último colega que lo vio antes de morir porque nos encontramos en la Alameda, y estuvimos hablando de lo que íbamos a hacer al día siguiente. Yo le dije que íbamos a salir en caravana porque había “ruido de sables”: así se decía cuando iban a salir los milicos a la calle. Le dije “Rodrigo, ten cuidado, sal con nosotros” pero dijo que no, que tenía un muy buen contacto en una población y mi cargo de conciencia es que era más joven y no tenía tanta experiencia en la calle. Yo debería haber sido un poco más drástico y haberle dicho “oye, hueón, para tu hueveo, si querís vamos juntos a tu contacto en la población, pero anda con nosotros”, pero el hueón fue solo y lo mataron.

-¿Tenías una relación cercana con él?
-No éramos amigos, pero le tenía estima. Además era muy pajarito, pero igual cuando apareció en las protestas, es verdad lo que dicen, nosotros pensábamos que era “sapo”. Claro, nosotros nos teníamos que cuidar de los pacos y de los pobladores también. De repente, a los pobladores les bajaban los monos y querían puro sacarnos la cresta porque pensaban que éramos de El Mercurio. Había muchos sapos.

SAN BERNALES Y EL PUEBLO MAPUCHE

-¿Qué opinas de San Bernales?
-Puta, qué te puedo decir… Parece que era buen chato, lo siento por su familia, pero no es como para declararlo héroe nacional ni “el general del pueblo”, porque no es ninguna de las dos cosas. Se cayó un helicóptero, no murió en combate. Entonces, le levantan estandartes que no existen y es una forma de unificar al pueblo en pos de imágenes absolutamente absurdas.

-Los mapuches viven la represión más fuerte en estos días por parte de Carabineros y esa fue una de las gestiones por las que Bernales es santificado.
-No se puede llamar “general del pueblo” a alguien que reprime a nuestra esencia, que son los mapuches. Ellos son los originarios de esta tierra y si hay un acto de represión contra ese pueblo no es mi bandera y si alguien lo dirige tan orgullosamente, eh, a la cresta. Que en paz descanse, pero que se vaya a la cresta.


Kena Lorenzini, fotógrafa, ex reportera gráfica de las revistas Hoy y Análisis

“MI ODIO PARIDO DURANTE LA DICTADURA FUERON LOS PACOS”

Tuvo miedo, estuvo presa, fue apaleada y ayudó a un carabinero intoxicado con bombas lacrimógenas. Hoy se escandaliza con el fenómeno de “San Bernales” y la policía cada vez más militarizada que sale a reprimir las protestas. Parte de las imágenes capturdas por Kena en los `80 están incluidas en su libro “fragmento Fotográfico, Arte, Narración y Memoria, Chile 1980-1990”.

-¿Cómo recuerdas los años 80 y tus primeras fotos en dictadura?
-Vivía aterrorizada. Con Marcos Ugarte éramos los fotógrafos más jóvenes de la Revista Hoy, hacíamos las mismas fotos, pero al principio las mías salían todas movidas, porque tiritaba del pánico. Ahora, igual había una cuestión más fuerte, porque yo nací en Talca y cuando la Junta Militar asumió, salí como muchos a la calle a celebrarlo. Pero cuando empecé a reportear, partí por sacarme un collar de perlas que me habían regalado, y fui aprendiendo y cambié completamente mi visión de las cosas. Me comprometí. Eso no me quitaba el miedo, pero me obligaba. También el ego y el hecho de ser mujer entre todo ese machismo ambiente que generaban fotógrafos, periodistas, editores, carabineros, milicos de la CNI… Yo quería estar ahí.

-¿Cómo te relacionabas con los carabineros?
-Mi odio parido durante la dictadura fueron los pacos. O sea, Pinochet era mi ídolo del odio, porque hacía el mal, pero los pacos hicieron sufrir mucho a las personas, las trataron perversamente. Bueno, su medallita es que degollaron a tres… eso es siniestro. Pero a la vez recuerdo haber visto a un paco desesperado langüeteando sal de la mano de un manifestante, porque no había mascarillas para todos y ellos se ahogaban igual que nosotros. En otra oportunidad tuve que auxiliar a un paco que vomitaba por las bombas lacrimógenas en una toma de terrenos.

-¿Cuál es la diferencia entre los pacos de los ochenta y los de hoy?
-En esos años recuerdo haber visto masacrar a una persona en el suelo de una manera brutal… Es que antes te apaleaban con ira, porque les metían la doctrina de la seguridad nacional, los comunistas y todo lo que tú quieras. Hoy no sé bien qué mueve a estos gallos, porque los pacos ganan menos que el promedio de la gente. Hoy también hay un fotógrafo que casi perdió un ojo, pero por lo menos tiene su caso en la justicia. Antes hubo uno que lo perdió totalmente y no pudo hacer nada, se tuvo que ir de Chile.

-¿Qué te parece lo que pasó con la muerte de Bernales?

-¿San Bernales? Patético. Pero la gente reacciona así con cualquier cosa, con el fútbol, los cantantes de rock, da lo mismo. El punto son las autoridades. Encuentro increíble que se invente al “general del pueblo” ¿Para qué? ¿con qué fin? Yo soy cinco veces bacheletista, pero fue muy triste ver cómo se desvirtuó está cuestión. Yo creo que ella confundió los afectos con un tema de Estado, porque es verdad que el menos malo ha sido Bernales, pero entre comillas. Porque pensemos todo lo que ha pasado en Temuco, la ley antiterrorista fue aplicada en su época.

-¿Hay algún episodio actual relacionado con Carabineros que te haya llamado la atención?

-Hace poco salió que un paco había disparado seis tiros al aire cerca de una universidad. Luego, el subsecretario de Interior, Felipe Harboe, dijo: “Es re fácil juzgar desde acá, pero no ocurre lo mismo cuando se está en su lugar, y a uno le tiran bombas molotov”. En la dictadura habrían muerto millones de personas más si las cosas se hubieran justificado así… Olvídate la cantidad de molotovs que les tiraban. Entonces que Harboe lo justifique así significa que en un rato podemos morir todos, porque si ese paco se asusta un poco más, en vez de disparar al aire le dispara a los cabros, o a nosotros que vamos caminando… Estos carabineros militarizados… Un militar tiene un arma para matar y tú lo sabes; pero un carabinero la tiene para defenderte.

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